EL SANTO CALIZ DE VALENCIA

Según la tradición, el Grial fue el cáliz del que bebieron Jesús y sus
discípulos en la Ultima Cena. Se trata de una copa propiamente dicha, a la
que se le ha añadido una estructura de oro con dos asas que los une. El
conjunto mide 17 centímetros de altura. La copa es de forma semiesférica,
con un diámetro de 9 centímetros y constituida por ágata, de color rojo
obscuro, cuyo estudio arqueológico muestra que fue labrada en su taller de
Palestina o Egipto entre el siglo IV a.c. y el primero de nuestra era.
En los albores del cristianismo
Este vaso de suma trascendencia no pudo ser olvidado tras la muerte del
Redentor, tanto más cuanto los discípulos se reunieron varias veces en el
Cenáculo. Así se explica el que el Santo Cáliz apareciese en Roma, llevado
según la tradición desde Jerusalén por san Pedro. Transcurrieron, pues, dos
siglos y medio en los que existen claros indicios de que el cáliz fue
utilizado por los pontífices para celebrar la Eucaristía. Según ha indicado
Antuñano, «lo que más impresiona al investigador es que el canon litúrgico
romano de los primeros Papas, en el momento de la consagración, decía
textualmente: "tomando este glorioso cáliz", refiriéndose a "este" solamente».
La historia del Cáliz cuenta que, en la persecución del emperador Valeriano
antes de morir, el Papa Sixto II entregó las reliquias, las alhajas y el
dinero a su diácono Lorenzo, natural de Huesca (España), quien también fue
martirizado, no sin que antes enviara a la ciudad natal el Cáliz de la
Eucaristía acompañado de una carta suya. Ocurría todo ello el año 258 o,
según algunos autores, el 261.
La copa permaneció en Huesca hasta la invasión musulmana. El obispo de la
ciudad, Audeberto abandonó con el Santo Caliz su tierra en el 713 para
refugiarse en la cueva del monte Pano donde vivía el ermitaño Juan de
Atarés; lugar en el que posteriormente se fundó y se desarrolló el
monasterio de San Juan de la Peña; del que surgió un núcleo de hombres
esforzados que acometieron la reconquista contra los mahometanos. Tuvo esta
lucha caracteres épicos, que no dejaron de ser aprovechados por la creación
literaria, ya que, según historiadores de la literatura, constituyen el
origen o la fuente de poemas tan célebres como los de Cristián de Troyes o
Wolfram de Eschenbach, con su héroe Parceval o Parzival, que es
posteriormente al Parsifal de Ricardo Wagner. En todos estos poemas hay un
Vaso maravilloso, al que se denomina «Graal» o «Grial» y cuya relación con
el Santo Cáliz es fácil comprender.
La presencia del Santo Caliz en San Juan de la Peña está testificada por un
documento del 14 de diciembre de 1134. El 26 de septiembre de 1399 el Cáliz
pasó a ser custodiado en Zaragoza, a petición del rey de Aragón, don Martín
el Humano. En el texto de entrega, que se conserva en Barcelona, se hace
constar que el Santo Cáliz fue remitido desde Roma con una carta de San
Lorenzo. Durante el reinado de don Alfonso el Magnánimo la reliquia fue
trasladada a Valencia. Desde el 18 de marzo de 1437 se conserva en la
catedral de esa ciudad, según un documento en el que se refiere al «Cáliz
en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena».
(Información sacada de la Agencia Zenit)

Sin embargo, en 1809, ante la inminente llegada de las tropas francesas a Valencia, el Santo Cáliz fue llevado a Alicante y, después, a Mallorca e Ibiza, donde permaneció hasta su regreso a Valencia en 1812. Finalmente, en 1916, el entonces Arzobispo de Valencia, Mons. Valeriano Menéndez Conde, junto con el cabildo de la Catedral acordó instalar el Santo Grial en la antigua Sala Capitular de la Seo, en lugar del relicario en el que permanecía desde el siglo XV.
El Santo Grial, ¿realidad o ficción?
La historia del Santo Grial ha inspirado numerosos libros de ficción e imaginación, incluyendo películas muy populares. La verdad sobre la actual ubicación de este cáliz es menos clara.
Un investigadora, Janice Bennett, autora del libro publicado en Estados Unidos «St. Laurence and the Holy Grail» (Ignatius.com) cree que la historia del cáliz se puede seguir desde el viaje de San Pedro a Roma hasta que finalmente quedó custodiado en España.
Bennett posee un master en Literatura española por la Universidad de Colorado y un certificado de «Advanced Bible Studies» de la Escuela Católica Bíblica de Denver. Es miembro del centro español de Sindonología, con sede en Valencia, España, y ha compartido en entrevista sus razones para creer que la Santo Cáliz que se venera en Valencia es la copa usada por Jesús en la Ultima Cena.
LITTLETON, Colorado, miércoles, 24 noviembre 2004 (ZENIT.org)
Para los cristianos, el Santo Grial es y siempre ha sido la copa usada por Jesús para consagrar el vino en la Ultima Cena, el auténtico receptáculo que recibió la sangre de Cristo en el apenas instituido sacramento de la Eucaristía. La gente de todo los tiempos se ha quedado un poco perpleja de que esta preciosa reliquia haya originado un importante número de historias fantásticas sobre guerreros, monjes y reyes que se embarcaban en su búsqueda. Esto ha sido así no sólo para la gente medieval sino para personas de nuestro hoy, dada la actual popularidad de las leyendas sobre el Santo Grial y películas tales como «Indiana Jones y la Ultima Cruzada», en la que Indiana Jones descubre un gran número de posibles griales en la inverosímil ubicación de Petra, Jordania. Lamentablemente, el grial que Indiana dice que es auténtico es el menos probable, históricamente hablando, porque está hecho de madera, un material poroso que estaba prohibido en la celebración de la Pascua judía. Es innegable que Jesús utilizó una copa para la consagración y que esta copa es un objeto histórico, no un mito. Quizá a causa del misterio y fantasía que han rodeado a esta reliquia por excelencia, algunos investigadores actuales han creado un escenario por el que el Santo Grial podría estar relacionado con temas que van desde la Sábana Santa de Turín hasta María Magdalena. Otros definen el Grial simplemente como un interrogante personal o una exploración del ser, o lo relacionan con toda suerte de antiguas leyendas y ritos de la fertilidad, conduciendo a una gran confusión como la que tenemos actualmente.
Mi marido y yo visitamos la Capilla del Santo Grial en la catedral de Valencia a principios de los años noventa. Pensé que era muy extraño que dijeran tener la copa usada por Jesús en la Ultima Cena, porque nunca oí nada parecido en los Estados Unidos. La única información disponible era un pequeño folleto, no muy bien traducido al inglés, que mencionaba al Papa Sixto II, confiando la copa a San Lorenzo en el año 258 después de Cristo, y que San Lorenzo la envió a España en manos de un soldado español. También ofrecía una breve historia de la reliquia en España. Años más tarde, cuando investigaba sobre reliquias en la Biblioteca Nacional de Madrid, recordé aquel folleto. Busqué información sobre San Lorenzo y encontré una traducción muy interesante de un documento que se dice escrito por san Donato, en el siglo VI, que no sólo contiene una biografía de los primeros años de San Lorenzo sino que confirma que este traslado tuvo lugar. Al mismo tiempo, encontré un librito, escrito por el sacerdote responsable de cuidar la reliquia, a principios de la guerra civil española de 1936. Cuando examiné las fotos de donde había sido escondida durante el conflicto –dentro de los cojines de un sofá, en el compartimento secreto de un armario y tras una pared de piedra–, me quedé verdaderamente sorprendida de las dificultades que la reliquia ha sufrido a través de los siglos. Inmediatamente me di cuenta que tenía que investigar la historia de esta copa en profundidad. El Santo Cáliz de Valencia no sólo reivindica su autenticidad sino que tiene detrás una larga tradición y una historia fascinante que apoya completamente esta afirmación.
Muchos estudiosos creen que el Cenáculo –la habitación en la que tuvo lugar la Ultima Cena–, y el Santo Cáliz eran propiedad de la familia de san Marcos, el evangelista, que hizo de intérprete de san Pedro en Roma. San Marcos y san Pedro vivían en relación estrecha y parece tener sentido que san Marcos diera la Santa Copa a san Pedro, por la simple razón de que era muy importante para los primeros cristianos usar reliquias en la liturgia, y Pedro era la cabeza de la Iglesia. La tradición española afirma que san Pedro se llevó el Santo Cáliz consigo a Roma, donde lo pasó a sus sucesores hasta la persecución de Valeriano, en el año 258. Debido al grave peligro de que la preciosa reliquia cayera en manos de los romanos, san Sixto II, sabiendo que pronto sería martirizado, confió la copa a su tesorero y diácono, san Lorenzo. Éste a su vez la dio a un soldado español pidiéndole que la llevara a Huesca, España, donde sabía que su familia se haría cargo de ella. Esta antiquísima tradición se apoya en muchos factores: el canon romano de la Misa, el hecho de que la copa no se menciona en Roma hasta el siglo III, varios documentos, y la presencia tradicional e histórica del Santo Cáliz en España.
Mucha gente cree que hay cientos de posibilidades sobre el auténtico Santo Grial, según el viejo dicho de que si se reunieran todos los pedazos de la Verdadera Cruz extendidos por el mundo, habría madera suficiente para una docena de cruces. No es éste el caso. Es verdad que en el siglo XVI había unas 20 copas que reivindicaban el honor de ser la auténtica usada por Jesús en la Ultima Cena. Pero hoy ninguna de ellas es considerada auténtica, con la excepción del Santo Cáliz de Valencia y la copa de plata de Antioquía. La copa de plata de Antioquía tiene una capacidad de dos litros y es demasiado grande para poder pasar de mano en mano, en torno a la mesa de la Ultima Cena durante la comunión eucarística. Lo interesante, sin embargo, es el hecho de que san Jerónimo mencionara que había dos copas sobre la mesa de la Ultima Cena, una copa de plata que contenía el vino para la cena, y una de piedra que fue usada para la institución de la Eucaristía. Sólo el Santo Cáliz de Valencia, con la parte superior de piedra de ágata, responde a la descripción de san Jerónimo acerca de la copa usada por Cristo en la consagración. Cuando se examina su tradición e historia en detalle, es completamente evidente que todo concuerda. No creo que alguien pueda desautorizar la teoría de que el Santo Grial es en efecto el Santo Cáliz de Valencia, España.
Cuando hablamos del Santo Cáliz de Valencia, uno de los problemas ha sido una laguna de información sustancial y sobre los hechos que van más allá de la tradición de san Lorenzo, y otra ha sido la afirmación errónea de que hay muchos griales que reclaman ser el que el Papa Sixto II dio a san Lorenzo. Los hechos a menudo se mezclan con afirmaciones falsas y material legendario, de tal manera que hacen dudar sobre la posibilidad de llegar a saber la verdad. Un serio rival de la tradición de san Lorenzo, al menos en la opinión popular, es la leyenda de que José de Arimatea llevó el Santo Grial a Inglaterra. Está basada en el poema «Joseph of Arimathea», del poeta Robert de Boron, que confirma la leyenda apócrifa de Nicodemo, añadiendo que José de Arimatea llevó el Grial a Glastonbury, para unir la cristiandad a los huesos del legendario Arturo que se suponía habían sido enterrados allí. Narra que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo en una vasija que fue usada como bandeja para el pan y el cordero pascual en la Ultima Cena, y luego la entregó al dios celta Bron que la llevó a Occidente como un talismán de inmortalidad. No es difícil comprender que esta leyenda no se basa en nada jamás probado y el grial en este caso no es una copa histórica, sino más bien una bandeja que no existió en realidad. Nos encontramos ante un ejemplo perfecto de mezcla de fantasía y realidad, literatura y leyenda que permite muchas discusiones sobre el Santo Grial.
El Santo Grial debería interesar a los cristianos de hoy por la misma razón de que siempre ha sido venerado, a través de los siglos, como la copa usada por Cristo para instituir la Eucaristía. Es muy apropiado que este último «descubrimiento» sobre el Santo Grial coincida con el Año de la Eucaristía, que fue proclamado por el Papa Juan Pablo II, en la fiesta de Corpus Christi en junio y empezó en octubre. En la celebración de este sacramento, tan central a la fe, a lo largo de todo el año, los católicos están llamados a honrar la Eucaristía para recibirla con más fe y reflejar más profundamente su significado en sus vidas y en la vida de la Iglesia. La historia del Santo Cáliz de Valencia es un hermoso recuerdo de la importancia de este sacramento en la vida de la Iglesia, tan evidente en el cuidado por conservar a través de los siglos la vasija usada por Cristo en la institución de la Eucaristía. La historia inicia con san Pedro, primera cabeza de la Iglesia, que llevó la copa sagrada a Roma para usarla en la liturgia de la Misa. Sigue con los santos Sixto y Lorenzo, ambos martirizados por rehusar entregarlo a los romanos. La Iglesia en España protegió la vasija de la invasión musulmana en el siglo VIII y años más tarde vemos el mismo respeto y heroico valor en quienes salvaron la copa de la destrucción durante la guerra de independencia y la Guerra Civil españolas. Gracias a su deseo personal, en 1982 el Santo Padre fue el primer Papa en celebrar la Misa con la reliquia desde san Sixto II en el siglo III, y hoy los cristianos de todo el mundo pueden venerar esta copa tan especial. Este es un milagro de nuestros días que puede darnos ocasión para profundas reflexiones sobre la importancia de la Eucaristía en nuestra vida diaria, de manera que podemos públicamente proclamar que el sacrificio de Cristo es para la salvación del mundo entero, como desea el Santo Padre.
Abiertos los archivos secretos de la catedral valenciana para investigar sobre el Santo Grial. |

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